Alas Blancas

Bueno, pues aquí dejo el primer capitulo, es un documento para descarga, pero pesa poco y así es mas fácil de leer ^^

Espero que les guste. Y el segundo puede que tarde un poco, muchos examenes =S

Capítulo 01

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Tatatachan tachan~~

¡Sorpresa! Puede que no sea Soul breaker, pero aqui vengo con una actualización. Por ahora solo os dejo el prefacio, dentro de un par de días os pongo el primer capítulo =P.

Disfruten ^^

En el mundo, conviven en armonía los humanos, los animales, las plantas, y los hombres lobo. A la par que estos, también viven los vampiros, seres inmortales que desde antaño hicieron un pacto con los humanos. El pacto consistía en que todo vampiro estaría atado a un humano, del que obtendrían su sangre y le ofrecerían protección a cambio. Así, no podrían beber sangre de otro humano. Así, de esta manera, cuando el humano al que sirven muere, buscan otro dueño. Los vampiros solo aceptan como dueños, a los humanos que a sus ojos parezcan dignos de ellos, aunque siempre suelen ser gente bien posicionada socialmente. Para los vampiros, la presencia es importante. Los hombres lobo no están conformes con el comportamiento de los vampiros, y siempre están alerta, buscando algo para poder pelear contra los vampiros, aunque sea una excusa pobre. Los humanos hacen de intermediarios entre las dos razas que en el fondo son tan parecidas y a las vez tan distintas.

PREFACIO

Me podría definir como una persona manejable, dejo que los demás hagan lo que quieran conmigo, hasta cierto punto. Tampoco pudiera oponerme, no tengo voluntad para ello. Pero todo cambio cuando la conocí.

Iba andando por un callejón, cuando de repente cayó delante de mí una chica, y quede atrapada en sus ojos, esos ojos rojos que me miraban con sorpresa. Me fije en que aquella persona hermosa y atrayente estaba herida. De mis manos se resbalo mi paraguas. Estaba desconcertada. Todo lo deprisa que pude, me agache para ayudarla, pero ella se levanto sola. Algo apareció, y mantuvieron una mirada entre ellos. Caí al suelo, apenas me di cuenta de lo que paso. Y cuando enfoque mi vista y pude distinguir, la hacia lo me dijo una cosa con un tono de desesperación algo agrio.

–         ¡Deprisa! ¡Haz un contrato conmigo!

Me sorprendí mucho cuando esa chica me dijo eso.

Bueno, creo que no ha pasado mucho tiempo esta vez XD. Aqui vuelvo a dejaros un capítulo para que disfruteis, e iros preparando, pronto habra una sorpresa en el blog =P

Capítulo 06: Comida feliz

Había sido difícil salir de aquel lugar sin ser vista, pero al final, lo había conseguido. Se apoyó en la pared y se dejó caer al suelo. Se sentía agotada, y eso que la “lucha” había sido rápida.

Cerró los ojos y por su mente pasó todo lo acontecido anteriormente: seguir a aquel niño teniendo la sospecha de que tenia un espíritu poseyéndolo, y había acertado; la explosión, realmente se asustó un poco con aquello; y la habían visto usando el Soul Breaker. Lo ultimo era lo peor que le sucedió esa tarde. No sabía quien había sido su espectador, pero no tenia una buena sensación con aquello.

Torció su vista hacia la derecha, y observo el cuerpo que yacía a su lado. Prácticamente lo había arrastrado hasta allí, aunque claro, no podía dejarlo en medio del descampado tirado. Se incorporo y apoyo el otro cuerpo contra la pared. “Espero que no recuerde nada…” – pensó con pesadumbre. Una vez se hubo asegurado de que el chico estaba bien, se alejó del lugar en dirección a su casa, pero se sentó contra un pared lo suficientemente lejos como para observar al chico sin que la viera nadie, y esperó a que él despertara.

–          Ritsu. ¡Ritsu! ¡Despierta! – le gritaba Ana a su amiga inconsciente y esta no reaccionaba. – Vamos, despierta. – tras decir esto, probó a darle un golpe.

–          Au… – dijo Rit bajito. – ¿Por qué me pegas? – dijo con voz adormilada y llevándose la mano a la cabeza, lugar receptor del golpe.

–          ¡Rit! ¿Estás bien? – dijo Ana preocupada.

–          Eh… si. Pero, ¿Qué ha sido eso?

–          Ni idea, pero ya no hay nadie.

–          Pero… – dijo Rit y se quedo a medio camino de levantarse.

–          ¿Pero qué? – dijo Ana y dio un tirón del brazo de Rit obligándola a levantarse del todo.

–          Pues… es que la otra persona, la que estaba de pie.

–          ¿La conocías? – dijo Ana sorprendida.

–          Pues… creo que era Katherine. – dijo Rit y acto seguido Ana levanto una ceja. – De verdad. Me pareció ella. – añadió convencida.

Dando por zanjada la conversación, las dos se encaminaron por donde vinieron. Al llegar al parque de nuevo, la policía les hizo algunas preguntas relacionadas con el incidente. Contestaron tan claramente como pudieron, aunque ninguna pensó siquiera en mencionar lo visto en el descampado.

Después de aquello, ninguna tenia ganas de seguir en la calle, así que se encaminaron a casa de Ana y una vez allí, estuvieron jugando en el ordenador a algunos juegos y vieron una película.

Cuando se hizo tarde, Rit se fue a casa, si llegaba más tarde sus padres la reñirían. Entonces Ana se quedó sola en casa. Se hizo la cena y después, se sentó en el sofá a ver la tele, aunque sus pensamientos estaban muy lejos de los anuncios estupidos que ponían. Pensaba en lo que había acontecido en la tarde, y en lo que Rit le había dicho. La verdad es que no le resultaba tan extraño que hubiera sido Katherine. Se preguntó si a aquel niño le había pasado lo mismo que a ella, y también se preguntó como supo que ella tenía otro espíritu dentro. Entonces llegó a una sola conclusión: tenia que hablar otra vez con ella. Con suerte, lograría que le contara algo más. El problema era como empezar la conversación con ella, si no se iba como la otra vez, ignorándola. Tras no encontrar solución a su dilema, decidió ir a dormir, ya pensaría mañana como poder entablar conversación con ella.

Cuando despertó, lo primero que hizo fue girarse para mirar el reloj. Se levantó con desgana pensando en lo temprano que se había levantado para ser domingo, y entonces dio con la razón de su desvelo. El timbre sonaba incesante por toda la casa.

Abrió la puerta y su cara reflejaba muy bien su humor. Al abrir, se encontró con Ritsuko, quien había ido a buscarla.

–          ¿Qué haces aquí tan temprano? – dijo con la voz todavía dormida

–          Vine a buscarte. Tampoco es tan temprano. – dijo Rit con una sonrisa en su rostro.

–          Son las once… y es domingo.

–          No quería que te escapases.

–          ¿De qué me iba a escapar?

–          De venir a mí casa a comer. Lo prometiste, no te vayas a echar atrás.

–          Tú lo has dicho, lo prometí. ¿Por qué no iba a cumplir la promesa? – dijo Ana mientras entraba en la casa y Rit entraba tras ella cerrando la puerta.

–          Quien sabe, eres rara.

–          Vaya, es bueno saberlo. – le dijo mientras le indicaba con un dedo que se sentara en el sofá del salón. – Me preparo y nos vamos.

–          Primero iremos a dar una vuelta, es temprano para comer.

–          Ok.

Ana subió a su cuarto dejando a Rit entretenida con la televisión. Cogió unos vaqueros y una camiseta roja de manga corta, su favorita, y entró al baño. Tras una ducha rápida, se vistió y peino rápidamente para no hacer esperar a su amiga. Bajó al salón y con una seña le dijo a Rit que se levantara. Ella así lo hizo y apagó la televisión.

–          Es temprano para ir a casa. ¿Quieres ir a dar un paseo por el parque?- dijo Rit mientras Ana cerraba la puerta de la casa. Ana asintió y las dos se encaminaron hacia un parque que había cerca.

Hacia un buen día, soleado, pero no hacia calor. Por el parque se veía a los niños jugar, parejas paseando, padres con sus hijos…, se podía apreciar que el buen tiempo daba humor a la gente. Ana y Ritsuko se sentaron en una cafetería a tomar algo mientras disfrutaban del calor del sol.

–          Oye Rit… – la llamó Ana.

–          Dime.

–          Lo que dijiste ayer…

–          El qué.

–          ¿Estas segura de que era Katherine?

–          Si no era ella, era alguien que se parecía mucho.

–          Uhm…

–          Pero eso lo podemos solucionar fácilmente. – dijo segura de si misma Rit y Ana alzó una ceja con duda. – Se lo preguntamos a ella.

–          No creo que nos vaya a contestar, y si así fuera, ¿Cómo sabemos que nos dice la verdad?

–          Yo tampoco creo que nos conteste. Si tan solo no fuera tan fría, seria popular, es bastante guapa. – dijo Rit sin entusiasmo. – Pero claro, yo lo soy más. – dijo en broma para hacer reír a su amiga, y lo consiguió.

Después el tema cambio a algo más trivial, ropa, moda, música, etc. Tras pagar, decidieron ir a ver tiendas. Después de un par de horas mirando ropa, decidieron que iba siendo hora de volver a casa.

Por el camino, estuvieron hablando del curso escolar. Cuando casi llegaban a la puerta de la casa de Ritsuko, esta se paró, como si hubiese recordado algo.

–          Oye Ana. – dijo y su voz sonó firme.

–          Dime. – dijo su amiga parándose y mirándola.

–          Cuando te dije que creía que esa chica del descampado era Katherine no te sorprendiste mucho. ¿Por qué?

Ana se vio sorprendida por su pregunta. No sabia que responder, así que apartó la vista buscando una excusa y entonces su mirada se topó con la “raíz” de sus problemas.

Delante de las dos, se hallaba Katherine, con ropa elegante, como si saliera de una comida importante. Miró a las dos amigas unos segundos, y luego volvió a caminar, siguiendo su camino, por el cual habían venido antes Ana y Ritsuko.

Ana se había sorprendido al verla. Su mirada no había sido como solía ser, fría y distante, si no que le había resultado extraña. Parecía como si estuviera escapando de algo, o al menos, eso le indico su mirada a Ana.

–          Oye espera. – detuvo la voz de Rit a Katherine, quien se giró para mirarla. – Me gustaría preguntarte algo. – dijo Rit intimidatoriamente.

–          Eh… – Katherine dio un paso hacia atrás. Eso sorprendió más a Ana. Katherine se mostraba tímida.

–          La chica que estaba ayer en el descampado eras tú, ¿Verdad? – dijo Rit casi acusatoriamente irrumpiendo los pensamientos de Ana.

–          ¡Ritsu! – la riño Ana. – Así no se preguntan las cosas. – añadió algo sonrojada por el descaro de su amiga al preguntar con tanta confianza.

–          Eh… – volvió a decir Katherine.

–          Pero si no se le pregunto así no responde. – se quejó Ritsu.

–          No creo que vaya a responder igualmente. – razonó Ana.

–          Ya decía yo que la voz me sonaba. – dijo una voz detrás de ellas.

Ritsu miró detrás de Ana y vió a su madre, una mujer de unos cuarenta y cinco años, no muy alta, pelo corto, negro, algo regordeta y expresión amable.

–          Mamá. – la llamó Rit.

–          No deberlas armar jaleo en la calle, Rit. Se te oye desde la cocina. – la regaño su madre y Rit se sonrojo un poco. – Tú debes de ser Ana. Rit me ha hablado mucho de ti. – Ana se giró para poder mirar a la madre de Rit. – Es un placer conocerte.

–          El gusto es mío señora.

–          Y tú… – añadió mirando a Katherine – ¿Eres otra amiga? – le preguntó sonriendo.

–          N-no… yo… – dijo Katherine mirando al suelo

–          Vamos, vamos, no seas tímida, ¿Por qué no te quedas a comer tú también?

–          ¿Eh? – se sorprendió Katherine y levantó la vista para mirar a la mujer que le hablaba.

–          ¡Si! – dijo Ritsu y Ana se sorprendió un poco al principio pero luego vio las intenciones de su amiga. Querían hablar con ella, y si estaban en casa de Rit no tendría más alterativa que escucharlas al menos.

Tras intercambiar algunas palabras más con Katherine, la madre de Ritsu terminó convenciéndola para que se quedase a comer.

Fue una comida agradable, pudo conocer a las hermanas de Ritsu, que eran muy divertidas, la mayor, de veinte años, y la pequeña, de seis años. Su padre era un hombre bromista, pero sabía ser serio cuando le tocaba. Y su madre, muy amable, y cocinaba muy bien por lo que pudo comprobar. Katherine interactuó poco en la conversación, apenas contestaba a veces, y parecía algo triste.

Después de la comida, las tres subieron al cuarto de Rit. La habitación era amplia. Contenía una cama, pegada a la pared por la cabecera, al lado, una mesita, donde se encontraba en despertador, al lado izquierdo de la ventana, estaba el armario, y en el derecho, había un mueble con una televisión y una consola. Enfrente del armario se encontraba un escritorio bastante largo con una pantalla de ordenador encima y la CPU a un lado.

–          Bueno, ¿eras tú la del parque? – preguntó Rit con curiosidad contenida y una vez se hubieron sentado, Ana y Katherine en la cama, y Ritsu en la silla del escritorio.

–          Puede. – dijo Katherine y su voz sonaba ya mas a ella que antes, aunque seguía mirando al suelo.

–          ¿Tú hiciste esa luz? – siguió con el interrogatorio Ritsu.

–          ¿Que se supone que visteis que te hace pensar que fui yo? – dijo Katherine mirando a Ritsu. Su mirada había vuelto a ser la normal, fría y cortante.

–          Pues… – dijo un poco intimidada Ritsu y luego le contó brevemente lo que había visto. Después del relato, Katherine permaneció en silencio con los ojos cerrados y la cabeza gacha.

–          Esto… ¿Katherine? – preguntó Ana tras un buen rato en silencio.

–          Hey, Katherine. – dijo Rit y le dio un golpecito a Katherine en la frente con dos dedos.

Katherine cayó hacia atrás en la cama y no dio señas de vida. Ritsu cambió su mirada a Ana y las dos se miraron preocupadas.

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Bueno, sin mas demora, esta vez publico antes ya que no quiero defraudar a nuestros lectores ^^ que espero nos sigan leyendo en los próximos capitulos. Espero lo disfruten al maximo, va avanzando bien la historia. Solo les recuerdo que pueden comentarnos y por supuesto dejarnos sugerencias, ideas… Cualquier crítica sera bienvenida. Un saludo y disfruten de la lectura. Saya ^^

Capítulo 05 – Sospechas…

Al día siguiente, un cálido sábado de los que hacía mucho no se veían por la zona,  en casa Ana seguía suspendida mirando su escritorio pensando que su intento de hacer amistad con Katherine había sido todo un fracaso… Las ganas de ir a clase se le iban esfumando poco a poco, porque no sabía cómo reaccionaría si volvía a tener la ocasión de hablar con ella, seguía desconcertada por el cambio de humor tan repentino que tenia la chica.

A pesar de ello, Ana no se rendía, tenía la esperanza de que ella y Katherine podrían ser buenas amigas y entre todas las cosas, sentía curiosidad por las cosas que le habían pasado, quería saber más de lo que Katherine le había contado, aunque, verdaderamente no le había contado demasiado. Las palabras que casi sin darse cuenta le había soltado y que a penas Ana entendía la habían dejado intrigada, no lograba entender eso de: “tu cuerpo estaba siendo poseído por otro espíritu”. Casi que más bien sonaba a locura, era difícil de creer; es más, Ana no creía en ese tipo de cosas. Pero por un momento se paró a pensar, que aquellas lagunas mentales no tenían justificación todavía.

Pensando en sus cosas pasaba el tiempo sin darse cuenta. De repente sonó el teléfono y Ana dio un respingo, asustada. No esperaba que nadie la llamara asique fue corriendo a contestar sin saber lo que la esperaba al otro lado de la línea.

–          ¿Dígame?

–          Hola Ana, soy yo Ritsuko.

–          Hola Rit. ¿Como estas?

–          Oh, muy bien. Te llamo porque hoy hace buen día y pensé que te apetecería salir al parque un rato.

–          Pues tienes razón, andaba aburrida en casa.- objetó Ana.

–          Pues si te parece bien, paso a buscarte ahora, ¿sí?- Propuso RItsu, emocionada de que por fin Ana aceptara una idea suya.

–          Claro, te espero. Hasta ahora.

Ana fue a la cocina y cogió una manzana, acto seguido subió a su cuarto a ordenarlo un poco y arreglarse ella.

–          Así es la vida de una chica normal… Yo… quisiera vivirla también…- susurraba entre dientes Katherine mientras observaba de lejos como las dos chicas se marchaban al parque.

Katherine a veces se veía sumida en un mundo del que no parecía que pudiera escapar, sentía envidia de la gente a la que ella llamaba “normal”. Todo lo que la rodeaba parecía ser monótono, la gente por la calle, el colegio y hasta la vida en su propia casa. Se decía a si misma repetidamente que quizás haciendo algo de amigas no le vendría mal, pero la idea era rechazada al instante, siempre pensaba que nadie querría tener una amiga como ella. Alguien con tanto que guardar no podría hacerle ningún bien a nadie. Aun estaba perturbada por la recién recuperación de su anillo, en el fondo agradecía a Ana el buen acto de devolvérselo, era importante para ella no perderlo y seguía preguntándose porque a pesar de todo se aferraba al mismo motivo y se alejaba de todo el que intentaba acercársele.

Ana y Ritsuko iban camino del parque hablando de sus cosas, como es obvio entre chicas adolescentes. Allí todo el mundo libre de presiones descansaba a la luz del sol en el verde paisaje del parque. Había niños jugando, personas mayores disfrutando de su vida en compañía de sus seres queridos… era un lugar lleno de vida. Ana se sentía pequeña entre tanta normalidad y tanta fortaleza, la gente que ella veía estaba llena de vida, se sintió por un momento acomplejada de no poder tener algo así con ella, se dio cuenta que una parte importante de ella estaba vacía, extrañaba demasiado a su madre y a su hermana y su padre no cubría su necesidad.

Como era normal Ritsuko se dio cuenta de la ausencia de Ana, no sabía toda su historia pero entendía que algo no iba bien con ella, asique decidió salir de dudas y quiso saber si podría ayudarla, verla reír era importante.

–          Ana, ¿me estas escuchando? – su voz sonó casi temerosa de meter la pata por interrumpir los pensamientos de su amiga.

–          Oh, sí, perdón… es decir, no. ¿Me lo puedes repetir?- Ana no sabía cómo excusar su ausencia…

–          Ains, da igual, no era nada importante, me importa más lo que te pueda ocurrir, eres mi amiga y por un momento he sentido que no estabas aquí. Sabes que puedes contarme todo, ¿cierto?

–          Gracias, no se… me siento un poco… vacía… si es cierto que te tengo a ti y todo eso. Pero viniendo aquí te das cuenta que no lo tienes todo en la vida, ¿no crees?

–          Es cierto, extrañas tener a tu familia cerca. Es comprensible, pero sabes que toda mi familia desea conocerte y tenerte cerca.- Ritsuko a pesar de conocer demasiado bien a su amiga sabía que podía confiar en ella, aunque últimamente no fuera ella misma.

–          Si, y te lo agradezco, te prometo que mañana iré a comer a tu casa. Y si, tienes razón, extraño esa parte de mí, pero se ha exaltado mas ese sentimiento conociendo a Katherine. Siento que ella lo pasa peor que yo y siento que mi fracaso al intentar ser su amiga…

Ana no se comprendía demasiado, sabía que no había nada fácil en la vida. Ella más que nadie sabía que no se puede tener todo al antojo de los deseos.

Muy cerca de donde se habían situado Ana y Ritsuko se oyó una fuerte explosión, un grito ahogado y un caos inconfundible inundo la paz del parque. A Katherine le dio un vuelco el corazón, sus sospechas eran ciertas. Corrió hasta alcanzar a la persona que había perseguido hasta allí, la cual huía desconcertada y se la llevo de allí, intentando pasar desapercibida, cosa bastante fácil con tanto caos. Aquella persona miraba a Katherine aun mas desconcertada, se preguntaba cómo habían aparecido allí tan de repente. Estaban en una zona descampada a las afueras de la ciudad, era una zona limpia, llena de flores y el olor que despedían aludía que la primavera se acercaba.

Un silencio incomodo acecho a Katherine, que de repente puso su mano derecha en la frente de aquella persona. Era un chico, de unos 12 años, la miraba atemorizado, no sabía que hacia esa chica ni mucho  menos sabia por que lo había llevado allí. Tenía muchas preguntas, pero un nudo en su garganta le impedía hacer sonora su voz.

–          Cierra los ojos – dijo Katherine en un tono seguro y firme mientras intentaba concentrarse en lo que estaba haciendo. Tenía muchas preocupaciones en la cabeza y temía equivocarse, pero ante todo su seguridad siempre estaba presente.

Ana y Ritsuko estaban asustadas y a la vez desconcertadas. Una fila de coches ardía y una nube de humo empañaba todo el parque. Salieron corriendo hacia un lugar seguro, una esquina enfrente del parque que daba a un callejón estrecho y largo y parecía sin final. La gente corría y gritaba, nadie apostaba por la regla de que <<cuando haya caos que no cunda el pánico>>. Ritsuko agarro con fuerza la mano de su amiga y la miro sin saber cómo reaccionar, estaba asustada, era normal. Ana se armó de valor y supo responderle con una mirada segura y una sonrisa sincera.

–          Tranquila, nada nos pasara- hasta ella misma se sorprendía al verse tan capaz de afrontar la situación.

Salieron corriendo calle abajo, hasta que por fin llegaban a una esquina, la cual no daba a ningún sitio más, un descampado lleno de flores  vallado por seguridad. Estaban cerca de dar la vuelta, cuando vieron un destello cegador que parecía provenir de la esquina a la que se dirigían. Cautelosamente ellas llegaron a la esquina y se asomaron sin intentar ser vistas. Lo que vieron no tenía palabras para describirse. Algo blanco amoratado salió del cuerpo de un chico y desaparecía de repente en el cuerpo de la otra persona y acto seguido el chico cayó desmayado, como exhausto, al suelo.  Ana sintió un tirón en su brazo izquierdo, al darse la vuelta vio a Ritsuko desplomarse, pálida y sudorosa. Se había desmayado también. Cuando consiguió sujetarla se dio la vuelta pero ya no vio nada, todo estaba solitario, como si nada hubiera pasado.

Solo el suave olor a primavera acompañaba el lugar.

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Siento la demora, pero por algunos problemas no pude ponerme con el capítulo hasta ahora.

Sin mas que decir, les dejo con la lectura.

Capitulo 04: Una pequeña parte de ti

Abrió los ojos, cansada y triste. Había pasado gran parte de la noche buscando por toda la casa, y no obtuvo ningún resultado. Se levanto y se dio una ducha rápida. Se vistió con el uniforme a desgana, no le apetecía ir a clases, pero aunque no quisiera a su familia no le parecería bien. Así que una vez preparada salio de su cuarto directa al comedor para desayunar, y para variar, las sirvientas ya recogían el desayuno de sus padres, los cuales se levantaban de la mesa para irse a trabajar.

–          Katherine, hija. – dijo su madre con voz desganada. – ¿Por qué hacías tanto ruido anoche?

–          No encontraba una cosa madre.

–          La próxima vez, haz el favor de buscar cuando la gente no duerma. – dijo su padre duramente.

–          Si, padre.

Tras la pequeña charla, sus padres se dirigieron a la entrada de la casa y se dirigieron al exterior donde el chofer esperaba para llevarlos al trabajo. Ella desayuno despacio y cuando terminó, ya estaba el otro chofer esperándola a ella para llevarla a clase.

En el camino de su casa al puente donde se encontraba con Rit, Ana le había dado vueltas a como darle el anillo a Katherine, pero seguía sin tener idea de cómo hacerlo. Volvió a coger el objeto y lo sostuvo en su mano mirándolo un rato. Cuando vió a Rit en el puente se lo guardó.

–          ¡Rit! – la nombrada se giró para ver a su amiga.

–          ¡Ey! Buenos días. ¿Estudiaste?

–          ¿Eh? – se extraño Ana.

–          Para el examen, de mates. ¿Recuerdas?

–          Ouch, se me olvidó.

–          Menos mal que este año ibas a estudiar más.

–          Solo se me olvidó para este, ya veras que los demás me salen muy bien. – dijo Ana algo sonrojada.

–          Jajaja.

–          Mou, no te rías.

Entre risas y bromas, llegaron al instituto enseguida. El examen era a segunda hora, así que Ana aprovecho en la primera y estudio todo lo que pudo de matemáticas. Tras la hora del examen, el día se le pasó volando a Ana. Y así, llegó la hora de volver a casa. Ritsuko se fue casi corriendo porque había quedado con su madre para ir a comprar. Ana se quedó sola en la clase. Se levantó con el propósito de buscar a Katherine. Sabía que no se había ido porque su mochila estaba encima de su mesa. Solo tenía un  problema, el instituto era muy grande, y podría estar en cualquier sitio.

Finalmente, tras mirar por casi todo el instituto, no la encontró. Estaba casi por rendirse cuando tuvo una idea. Era poco probable, pero ya no podía perder nada. Subió las escaleras y abrió la puerta que daba a la azotea. Miró y se sintió decepcionada. Tampoco estaba allí.

–          ¿Quién va? – dijo una voz enfadada y triste.

Ana pasó la mirada a la derecha y hacia abajo, y se topo con una mirada fría y seria. Allí estaba Katherine, sentada en el suelo apoyada en la pared. Se miraron unos segundos y luego Katherine apartó la vista para mirar al cielo.

–          Te estaba buscando. – dijo Ana para romper el denso silencio que se había formado y logró que Katherine la mirara con algo de curiosidad disimulada. – Toma, – dijo sacando de su bolsillo el anillo-, lo encontré en el puente.

Nada más sacarlo, a Katherine se le iluminaron los ojos.

–          Mi anillo… ¿Donde lo has encontrado? – dijo mientras se levantaba.

–          Lo encontré en el puente que hay para cruzar el río.

–          Debió de caérseme cuando… te llevé a casa, el otro día. – dijo Katherine algo apenada.

–          Toma. – dijo Ana poniéndole a Katherine el anillo en la mano.

–          ¿Como supiste que era mió? – dijo mientras se colocaba el anillo en el dedo índice de la mano derecha.

–          La verdad no sabía de quien era, pero ayer, mientras lo observaba me fije en la inscripción que tiene por dentro. Y ponía Katherine K.C. aunque no sabía que tuvieses dos apellidos.

–          Ese es el nombre de mi abuela, ella me lo regaló hace tiempo, por mi cumpleaños.

–          Y es un recuerdo muy preciado para ti, por eso estabas como loca buscándolo, ¿No?

–          … – Katherine solo asintió mientras volvía a sentarse. – Gracias por devolvérmelo.

–          No hay de qué. – dijo Ana con una pequeña sonrisa. – Tú… sabes lo que me paso.

–          … – Katherine guardó silencio. No había sido una pregunta, si no una afirmación. Tras pensarlo un poco, asintió.

–          ¿Podrías… contármelo? – preguntó con temor. – Por favor. – añadió antes de que Katherine pudiese decir nada.

Katherine se quedó callada, mirando un punto fijo en suelo. Se estaba debatiendo si decirle o no.

–          Un espíritu se estaba fusionando con el tuyo.

–          … – Ana guardó silencio, esperando a que su compañera siguiera hablando, pero no dijo nada más. – ¿Ya?

–          ¿Ya? ¿Te parece poco? Si yo no hubiera sacado ese espíritu de tu cuerpo, hubiera terminado apoderándose de tu cuerpo, y tu espíritu se hubieses perdido con el río espiritual.

–          Vaya, interesante. – añadió Ana. Entonces Katherine se dio cuenta de que había hablado de más. – ¿Y como lo sacaste exactamente?

Katherine se vio acorralada. Una parte de si quería responder a esa pregunta, pero su otra parte decía que no lo hiciera, y desgraciadamente para Ana, esta parte tenía mayor poder sobre Katherine, quien se levantó y volvió a poner su mirada de hielo.

–          Olvida lo que he dicho, y no me vuelvas a hacer preguntas de ese tema. – dijo fríamente y luego se dirigió a abrir la puerta. Y tras hacerlo, le hecho una ultima mirada a Ana y se fue.

–          Vaya cambios de humor que tiene. – dijo Ana algo sorprendida del cambio.

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Bueno, tras hacer esperar bastante con el siguiente capítulo, al fin lo traigo, calentito y recien salidito del horno jeje. Algunos problemas personales y falta de inspiración son los culpables del retraso. Pero bueno, sin mas excusas, aquí esta el Capítulo 3. Espero lo disfrutéis mucho y comenten mucho. ¿Os va gustando la historia? Besos ^^ Saya.

Capítulo 3 –  Las cosas llegan solas

Ana se sentía cansada, sentía su cuerpo agitado, una agitación incomprendida, sentía como sus pensamientos vagaban por su cabeza, en la que sin explicarse por qué le dolía. Era un dolor agudo, como si algo punzante hiciera presión sobre su frente continuamente. Sin ser consciente de todo lo que pensaba, abrió los ojos y sintió que el dolor agudo, se agudizaba aun mas, no estaba acostumbrada a la claridad que entraba por la ventana. Intento incorporarse y en ese intento reconoció su cuarto y allí había una persona. Era Katherine, la que se daba la vuelta al darse cuenta que Ana salía de sus agitados sueños.

–          No te muevas demasiado, te marearas de nuevo.-  dijo fría y secamente a Ana.

Ana se sentía confusa, tenía tantas cosas en la cabeza que no sabía cual escoger para situar todo y pensó que sería mas fácil preguntar qué había pasado, aunque no estaba muy segura de si debería hacerlo ni de las respuestas que obtendría, y mucho menos de si querría saber realmente todo eso.

–          ¿Qué haces tú aquí?- Se sorprendió de su tono de voz tan temeroso.

–          Preferí traerte yo en vez de llamar a una ambulancia.

–          ¿Y qué es lo que me ha pasado?.- aun temerosa Ana.

–          No es necesario que sepas nada, preocúpate por recuperarte.

–          ¿Qué se supone que debo hacer señorita doctora?.- Inmediatamente después de formular esta pregunta, Ana, sintió una punzada en su corazón. Sintió que no debería haber preguntado eso.

–          Cuando sientas tu cuerpo menos pesado, dúchate y haz vida normal. Adiós.

Katherine sintió ganas de perderse por el mundo con todo lo que había pasado. A pesar de sus temeridades, no se había equivocado en pensar que su compañera empezaba a ser poseída, pero también sentía que esa no era excusa para querer hacer vida social y menos acercarse a alguien. Mientras se encaminaba hacia su casa, daban vueltas en su cabeza las palabras que Ana había utilizado en la pregunta, esa poca de ironía le había hecho sentirse estúpida por haberse quedado con ella.

–          Si, habría sido mejor que me hubiera ido tras dejarla en su cama. – Pensó en voz alta sin quererlo.

Ana se sentía frustrada por lo que había pasado. No odiaba nada tanto como depender de alguien. Claro, que si se había desmayado no podía valerse por sí misma. Pensó que sería mejor olvidar todo y seguir como si nada. Mientras se preparaba la cena sonó el teléfono, antes de contestar miro el numero. Era Ritsuko. Decidida levanto el auricular y se alarmo por la voz tan preocupada de su amiga:

–          ¿Ana? ¿Estás bien? Menos mal que has respondido, estaba muy preocupada, no sabía que pensar, desapareciste así sin más y yo sin saber nada, nadie sabía nada en todo el instituto

–          Ritsuko, tranquila estoy bien, sigo viva. ¿Qué te pasa?

–          Eso mismo quería saber yo, estuve buscándote por todo el instituto cuando saliste así de clase, y no te encontré por ningún lado. Era como si te hubiera tragado la tierra. – respondió muy preocupada Ritsuko

–          Bueno, ni yo misma se lo que me paso, era raro  y creo k difícil de contar… Pero ya que sabes que estoy bien, tranquilízate. No hay nada que temer, ¿Vale?- Ana luchaba contra todo lo que surgía en su mente, pero lo más importante era tranquilizar a Ritsuko.

–          Ok, me alegro de saber que estas bien. ¿Nos vemos mañana en clase? Espero que podamos hablar sobre lo que paso. Que tengas buena noche.

–          Gracias, tu igual.

Al colgar el teléfono, Ana se sentía culpable por haber preocupado así a su amiga. Tenía un montón de preguntas sin respuestas sobre lo que había sucedido, sentía ganas de contárselo todo a Ritsuko pero ni siquiera sabía que contarle, y mucho menos sabía si debía contar algo. Estaba muy confundida.

–          Humm… ¡Qué mal huele!

Sin darse cuenta, se había sumergido en sus pensamientos y casi se le quema la cena. Salió alarmada hacia la cocina y menos mal que era rápida, casi sale ardiendo todo. Se le quitaron las ganas de cenar, ya que tenía que hacerse algo de nuevo, asique se fue a duchar y después a dormir. Como cada noche se puso su música y se durmió inmediatamente.

Despertarse agitada suele ser indicio de haber tenido pesadillas, y su confirmación suele ser el sudor. Ana se sentía resfriada y pensó que una ducha ardiendo calmaría esa sensación. Sin preocuparse por nada se ducho, se vistió y acto seguido desayuno, y como cada día salió corriendo hacia el instituto porque llegaba tarde. También como cada día, Ritsuko la esperaba al inicio del puente. Al encontrarse se dieron un abrazo, como si llevaran meses sin verse. Entonces a Ana le volvieron las dudas sobre si debía contarle algo o no.

–          Me alegro de por fin verte, he pasado toda la noche pensando que debería haber ido a tu casa en vez de llamarte.- dijo Ritsuko.

–          Si, como ves, estoy sana y salva jejeje.- a pesar de todo se sentía con ganas de  vivir el día.

Llegaron a clase. Ana ni siquiera se había preocupado por mirar a ver si al otro lado del puente estaba Katherine, pero precisamente su sitio estaba vacío en clase. Y así paso la semana, Ana se preocupo mirando como el sitio de Katherine se pasaba los días vacio. Se preguntaba por qué había faltado tanto.

–          “Ojala pudiera conseguir su número y preguntarle que le ha pasado”.- pensó.

Por su parte, Katherine, estaba en su casa. Se sentía cansada. Tanto trabajo no era para ella sola. Nunca se había imaginado que encontraría tantas personas en la misma situación que su compañera de clase, Ana. Se estaba comenzando a preocupar por la situación y no sabía cuánto más seguiría así. Saber que se aproximaban los exámenes finales tampoco la ayudaba y se sentía culpable por haber faltado tanto a clases.

Al inicio de la siguiente semana, Ana se dirigía a clase como cada día, y allí junto al puente se encontró con Ritsuko.

–          Hola Rit, ¿Qué tal amaneciste hoy?

–          Bien Ana, con muchas energías y ganas de terminar ya el primer semestre.

–          Rit!! Si acabamos de empezar… jeje. Anda vamos, que llegaremos tarde.

Esta vez Ana prestó especial atención al otro lado del puente y si, ahí se encontraba Katherine y parecía preocupada. Sentía ganas de hablarla o incluso saludarla, durante el fin de semana había pensado que podrían ser amigas, pero es que Katherine era tan fría… Le costaría acercarse a ella.

El día paso rápido, y a la salida todo el mundo abombado, dando voces y demás, impedían el paso  tranquilo por el instituto. Los profesores intentaban poner orden. Al salir al jardín, Katherine parecía aun mas preocupada, no paraba de dar vueltas mirando el suelo. Ana se pregunto que le pasaría, y le gustaría preguntárselo, pero no se atrevía. Por el camino casi llegando al puente Ana recibe un codazo en el brazo izquierdo y se dio cuenta de que Ritsuko había caído al suelo. Unos chicos que pasaban en skate tenían la culpa. Mientras ayudaba a su amiga a ponerse en pie, Ana vio a la salida del camino algo brillante.

–          Oye Rit, ¿qué será eso?

–          No lo sé, pero vamos, que estos tíos son unos estúpidos.

–          Un momento, voy a ver.

Ana no pudo evitar su curiosidad y se acercó. Era brillante y dorado y parecía que mientras mas te acercabas mas brillaba. Ana estaba perpleja ante dicha vista, era un anillo, de oro, precioso. Pensó que cualquiera que lo viera se quedaría prendado de él. Lo cogió del suelo y el anillo tenía unas inscripciones raras, no se le paso por la cabeza de quien podía ser, pero lo guardo, por si alguien se lo pedía.

Ya casi llegando a casa, Ana y Ritsuko llegaron al punto del camino en el que tenían que separarse:

–          Bueno Ana, ¿te apetece quedar esta tarde y salimos a tomar un refresco?

–          Uhmm, no lo se Ritsu, tenemos los exámenes finales… me gustaría repasar.

–          Ohh Ana se ha vuelto una empollonaa… .-  Ritsuko le hacia bromas a su amiga cariñosamente, quería animarla, últimamente la veía apagada.

–          Venga Ritsu, sabes que no es asi jeje, te prometo que volveremos a quedar pronto como antes, solo que no quiero suspender.

–          Ok señora de los estudios, llámame si cambias de opinión. Te estaré esperando ansiosa jeje. Adiooos.

–          De acuerdo, lo tendré en cuenta. Cuídate Rit.

Al entrar en casa se encontró con una agradable sorpresa. Su padre estaba en la cocina y aunque era extraño, olía bien. Después de comer juntos y compartir algunas historias, Ana se fue a su cuarto, diciéndole a su padre que tenía mucho que estudiar. Su padre se ofreció a recoger todo antes de irse a trabajar. Ana se echó en su cama, se sentía un poco cansada, los días habían pasado rápido y aunque no había pasado nada en su vida, sentía que necesitaba un respiro, pues aun le daba vueltas a aquello que le paso. Se puso a mirar el anillo distraídamente, intentando descifrar esas lecturas pero era demasiado raro para ella. Y por un momento vio algo grabado en la parte de dentro del anillo, algo grabado del mismo color que el anillo, dorado. Eran letras antiguas también pero legibles. Ana lo leyó con mucho cuidado: Katherine KC. Se sorprendió, nunca se hubiera imaginado que ese anillo perteneciera a su compañera, y mas aun, se extraño porque nunca se había fijado en que lo llevara puesto, pero si entendió porque la vio tan preocupada buscando y buscando. Pensó que lo mejor era dárselo al día siguiente en clase. Confiaba en que la vería y se lo daría y esa sería la excusa perfecta para acercarse a ella e intentar simpatizar con ella.

–          Si, lo intentaré, y espero que me lo agradezca.- pensó en voz alta.

Mirando ese anillo, Ana se sumergió en lo mas profundo de sus pensamientos. Aun seguía dudosa, no sabía lo que le había pasado y menos el significado de ese anillo. Pero se le había pasado por la cabeza varias veces en los últimos días, que no todo podía ser una simple coincidencia. Decidió que si le salía bien todo y conseguía hacerse amiga de Katherine, resolvería todas sus dudas.

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Capitulo 02 – Lo que puede suceder

Cuando abrió los ojos se sintió muy cansada. Parecía que no había dormido nada. Se giro hacia la derecha para mirar al despertador. Las 6.17. Ana se tapo la cara con la almohada para intentar dormirse otra vez, pero sus intentos fueron en vano. Aburrida de dar vueltas en la cama, se levantó y noto su cuerpo todo adormecido. Decidió darse una ducha larga y relajante. Estaba muy cansada, y apenas fue consciente de que salio de la ducha, vestirse y de desayunar. Cuando se dio cuenta, estaba enfrente de la puerta de su casa, con la mochila en la mano, lista para salir a clase. Miro el reloj y ya eran las 7.30.

–          “Si que estoy dormida, apenas me di cuenta de lo que hice”. – pensó para sí misma.

No se cuestiono el no recordar y salio de casa para ir al instituto. Al pasar por el puente volvió a ver a esa chica, sentada en la orilla del río.

–          “Creo… que se llamaba Katherine”.

Ana apartó la vista de Katherine y miro hacia delante. Un poco más allá del puente estaba esperándola Ritsuko. Cuando esta la vio, la saludo con la mano.

Katherine vio como Ana pasaba por el puente y se encontraba con su amiga, de la cual no recordaba el nombre. Al verlas sintió una mínima punzada de envidia, pero enseguida se deshizo de ella y se incorporo para ir al instituto.

Las primeras horas pasaron un poco lentas para Ana. Pero cuando llegó la cuarta hora, se le hizo eterno. Hora de matemáticas. No es que fuera muy buena en esa asignatura, le aburría, y los parpados empezaron a pesarle y cerró los ojos unos minutos. Cuando volvió a abrirlos la clase había terminado, y Ritsuko se acercaba a ella.

–          Creía que no se te daban bien las matemáticas. Contestaste a todas las preguntas sin titubear. ¡Ah! Eso era lo que hacías ayer. Estabas estudiando.

–          Eh… claro. No quería empezar a fallar en ninguna asignatura. – “menos mal que soy buena en inventar excusas”

Se sentía rara, y no recordaba la clase anterior. Sintió que una mirada se le clavaba en la nuca. Discretamente, miro hacia atrás de reojo y vio que Katherine la miraba atentamente. Desvió la mirada rápidamente y la volvió a Ritsuko.

–          ¿Vamos a fuera a tomar el almuerzo?

–          Claro.

Salieron del edificio para tomar el almuerzo. Ana estaba un poco ausente mientras que su amiga le contaba una de las peleas con su hermano.

–          Ana, ¿Me estas escuchando?

–          Eh… si. – dijo un tanto asustada a la clara reclamación de Ritsuko.

–          Pues no lo parece.

–          Es que no dormí muy bien.

–          No me extraña. Con tanto estudiar, seguro que te dormiste tardísimo.

“Como puede ser que se crea esas excusas…. Es eso o hace como si se lo creyera” – pensó Ana cansada. Después de que sonara el timbre, volvieron a clase, y en el resto del día, no sucedió nada extraño. Al terminar las clases, las dos amigas fueron a casa de Ana. Esta había invitado a Ritsuko a comer y luego por la tarde a estudiar, aunque en vez de eso, después de comer, estuvieron casi toda la tarde jugando a la consola.

Cuando era mas tarde, Ritsuko se fue a su casa y Ana se puso a prepararse la cena. De repente empezó a sonar el teléfono.

–          ¿Diga?

–          ¿Ana? Soy papa. Esta noche…

–          También llegaras tarde. No pasa nada. Estaba haciéndome la cena ya. Cuando cene y haya terminado de estudiar me iré a dormir.

–          Ten cuidado. Y cierra la puerta con llave.

–          Si, papa. Hasta mañana.

Y la casa volvió a quedarse silenciosa quitando los ruidos de la cocina. Ana termino de hacer su cena y después se fue a su cuarto. No tenia ganas ni de ducharse, ya lo haría mañana pensó. Se puso el pijama, cogió el mp4 y cayó pesadamente en la cama escuchando música. Se quedó dormida a los pocos minutos.

Al despertarse, se sentía con más energías que el día anterior. Se levantó de la cama con buen humor y lo primero que hizo fue coger ropa limpia para ducharse. Después de ducharse, bajo a hacer el desayuno, y se encontró con que su padre ya lo había hecho.

–          Vaya, ¿Hoy no trabajas?

–          Sí, pero entro mas tarde, y pensé en que podía hacerte el desayuno. ¿Qué tal te va en el colegio?

–          Ya estoy en el instituto papa. Voy bien, y apenas empieza el curso. Gracias por hacerme el desayuno. – dijo mientras empezaba a desayunar.

–          Algo así de vez en cuando no viene mal. ¿Quieres que te deje en el instituto?

–          No papa, me gusta ir andando.

Cuando termino de desayunar, cogió su mochila y se fue a clase. En el camino, estaba Ritsuko esperándola antes de cruzar el puente. Luego no pudo evitar dirigir la mirada hacia la otra orilla del río, pero esta vez no había nadie allí.

–          Esta vez has venido temprano.

–          Me acosté temprano ayer.

–          Vaya, también estas de mejor humor.

–          Vamos tirando, que como sigamos así no llegamos hasta dentro de un par de horas.

El camino se hizo corto con su extraño buen humor. Cuando llegaron a la puerta del instituto, vieron que una limusina se paraba en la puerta, y de la limusina salía Katherine.

–          Así que la chica nueva es una niña rica.

–          Se te olvido de que estamos en un instituto de niñas ricas. Es mas, tu eres una niña rica, solo que no te comportas como tal.

–          Jaja es verdad.

Entraron a clase y las horas pasaron como nada. Y cuando fue el descanso, Ana noto que sentía su cuerpo muy ligero, tanto como si no tuviera.        Pero de repente, se levantó. Y salió de la clase.

–          Oye, Ana. ¿Donde vas?

–          No te importa. – “¿Como han salido esas palabras de mi boca?” Ana se sintió fuera de si, su cuerpo se movía solo y decía cosas que no quería decir.

Ana observo como su cuerpo se movía a través del instituto sin que ella quisiera. Después de un buen rato dando vueltas, termino por llegar a la azotea. Estaba completamente solitaria. Su cuerpo se acerco a la reja que evitaba que se pudiera caer de la azotea, y al ver así la situación, Ana no supo que pensar. Entonces oyó como la puerta que llevaba a la azotea se abría. Su cuerpo se giró y se encontró con Katherine. “¿Qué…hace ella aquí?” – pensó Ana un poco sorprendida. Sin dar ni un saludo, Katherine se acerco a ella hasta quedar enfrente suyo.

–          Tranquila, pronto esto terminara. – le dijo con una voz amable y calida.

“¿El que va a terminar?” – pensó Ana un tanto asustada. Entonces Katherine levanto la mano derecha y agarro la cabeza de Ana. Esta notó como unas descargas recorrían su cuerpo y sintió como algo de separaba de el, y acto seguido, cayó al suelo. Por su parte, Katherine, tras tener su mano en la cabeza de Ana, al separarla la llevo a su cuerpo y acto seguido cayó de rodillas.

¡¡¡Tachan!!! Primero, hola, soy ayesh, y junto a Saya llevaremos esta historia a sus Pcs a traves de este blog.

Segundo, mis disculpas por la tardanza. Tras una serie de problemas (solo mios), por fin pude escribir el capitulo.

Tercero, espero que disfruteis del capitulo tanto como yo al escribirlo.

Salu2

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